miércoles, 4 de junio de 2008



NICANOR JUANZ HERNÁNDEZGuillermo H. Zúñiga Martínez31/Mayo/2008
Estaba en mi pequeña oficina, donde tengo una mesita y unos libreros con obras de valía literaria, cultural y científica. Revisaba documentos viejos que muchas veces al releerlos dan sorpresas, unas agradables y otras no tanto; en fin, inmerso en re-abrevar lecturas y escritos nunca dados a conocer, pensaba que el ser humano debe enviar a sus amigos, familiares o público en general, lo que en un momento de su existencia crea, piensa, discierne y afirma, porque de lo contrario, si no se trasmite, queda en el olvido.Meditaba, mi pensamiento iba de un lugar a otro, evocaba sucesos y los rechazaba, otros los disfrutaba; era un momento agradable en el que reviví parte del pasado y registré alegrías presentes. En un santiamén descubrí, al lado izquierdo, bien colocada, enmarcada, una caricatura en la cual la mano maestra de Nicanor Juanz Hernández había dirigido sus trazos sobre mi persona, me dibujó como soy: un ser humano con pelo hirsuto, bigote maltratado y cuerpo voluminoso; data de 1978. El retrato exageraba, distorsionaba mi apariencia, pero lo realizó de tal forma que no existe duda que se trata de mí; es más, difunde la preocupación y el mensaje de manera nítida; esta contribución fue publicada en “Diario de Xalapa” y el motivo era la defensa de la ecología; el diseño pictórico, con unas cuantas expresiones, invita a cuidar lo que nos ofrece la naturaleza. Se había presentado el programa sobre el medio ambiente dirigido a educandos de primaria, primero y único en el país. Vale la pena resonarlo porque a pesar de las resistencias de la Secretaría de Educación Pública, el Gobernador Rafael Hernández Ochoa, en defensa de la soberanía del Estado ordenó que se incluyera, como materia obligatoria, dentro de los planes y programas que se aplicaban en las escuelas primarias estatales dependientes de la Dirección General de Educación Popular. Don Rafael fue un auténtico defensor de la libertad y los intereses de Veracruz.Pero eso no es todo, también reencontré otra viñeta de mi excelente amigo y en ésta me refleja como un joven que se dedicaba a visitar reclusorios con el propósito de realizar diversas actividades. Efectivamente, a través del Instituto Práctico de Oratoria Veracruzano “Belisario Domínguez”, pedíamos colaboración al comercio de Xalapa y a otros empresarios para que los internos practicaran deportes tales como voleibol y basket-ball; además, proponíamos que se les enseñaran oficios; les llevamos equipos completos de carpintería, introdujimos, con permiso de las autoridades penitenciarias, las primeras televisiones. Asimismo, les dábamos libros para que pudieran dedicarse a la lectura. Esas acciones se realizaban en el año de 1966.Es placentero agregar que en ese período organizamos el primer concurso de oratoria para internos. Lo digo con mucho orgullo, las diligencias se cumplían sin poseer cinco centavos, porque nos guiaba la voluntad y el deseo de servir a nuestros semejantes. El apunte al que me refiero tiene más 40 años.Creo que son pocas las personas que no han admirado la obra de Nicanor. En sus exposiciones exhibe parodias memorables que nunca se podrán olvidar. Posee la sensibilidad del creador porque con un trazo esparce distintos mensajes en base a gestos, expresiones y detalles de las diferentes personalidades; su talento nos hace sentir lo que quiere y desea manifestar, ya sea para el reconocimiento o para la durísima crítica que con todo derecho ejerce en su magnífica profesión, sin descuidar jamás la imprescindible comicidad. El jueves pasado le pregunté cuántas caricaturas ha hecho en su vida y me dijo: “-Son más de 14.000, todas publicadas”. Confieso que el dato me impresionó. Sería motivo de júbilo que sus amigos cooperáramos para publicar una antología que incluya estudios que hablen sobre su biografía y las características de su producción, porque se debe definir su estilo y explorar la profundidad lograda en su quehacer. De tener éxito esta idea, agregaría que en el libro también se incluyera una selección de sus preciosas pinturas.En verdad, me nace felicitar muy cordialmente a Nicanor y reconocer sus espléndidas y admirables contribuciones. Hombres como él son merecedores de homenajes cotidianos porque su trabajo diario lo permite y exige.El empezó a ejecutar sus lances y agudezas visuales desde que estudiaba en la escuela secundaria; desde adolescente sabía darle el punto y viveza a su arte. Encontró lo que buscaba y en pleno desarrollo dejó asomar su innegable grandeza. Sus primeras caricaturas se las vendía a Don Rubén Pabello Acosta, quien lo invitó a publicar en DIARIO DE XALAPA. También colaboró en el desaparecido periódico UNOMASUNO que dirigían Luis Gutiérrez y Bernardo González Solano, ambos oriundos de Tierra Blanca. Quienes somos sus amigos y lo conocemos de cerca, además de disfrutarlo como un maestro, también nos hemos deleitado al escuchar su voz y el ritmo que sus manos imprimen a las cuerdas de su guitarra. Nicanor es un hombre superior en muchos aspectos, pero donde resplandece con toda plenitud es en la firmeza de sus principios, la limpieza de su amistad y la lección moral de su vida. Felicidades.
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